viernes, 6 de octubre de 2017

La fuente de nuestra provisión es Dios.

La fuente de nuestra provisión es Dios.

Al usar los dones que Dios nos ha dado, los multiplicamos, y no tiene por qué ser en dinero. El dinero no es más que un medio de intercambio. Puede ser servicio. Pueden ser cosas que haces por los demás. Puede tratarse de personas que no son de tu familia o de familiares inmediatos. Una de las cosas que cristaliza la conciencia e impide que la provisión entre en tu vida es el sentimiento de que somos dueño  de los demás. Muchas personas creen que su hijo, su esposa, su madre, su padre, su hermano o su hermana – en otras palabras, su familia – es lo más importante de todo.
Tú no eres dueño de nadie y nadie es dueño de ti; todas las personas son libres. Y cuando sentimos que este círculo familiar es exclusivo, que excluye a todos los demás, ésta es una de las razones por las que se cristaliza la conciencia y se impide que llegue la prosperidad.
Cuando comienzas a pensar que el mundo es tu familia, cuando comienzas a sentir y pensar en términos de amar a los que forman parte de tu familia y de hacer algo por personas que no pertenecen a ella – no necesariamente alguien que amas, sino alguien por quien no sientes nada -, entonces comienzas a pensar en términos divinos.
Por lo tanto, creo que uno de los secretos más grandes de la prosperidad es la capacidad de desapegarse de la persona y de ser impersonal, porque todas estas cosas son imanes que te hacen divino. Y el secreto de todo esto es: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Ello indica que la fuente de la Presencia es el origen de tu provisión. No proviene de ninguna otra fuente.
Tenemos que dejar de buscar nuestra provisión en la gente. Tenemos que esperar sólo de Dios; ése es el secreto, otro de los secretos de la provisión; no dependas de ningún ser humano. ¡Cuenta con Dios!
Por supuesto, siempre que hablo de esta manera, me interesa que la gente entienda que la prosperidad es más una actividad del Espíritu que de la carne. A muchos nos gusta pensar que la prosperidad es de la carne: que nosotros hacemos algo y ganamos algo, que ponemos en práctica las leyes y recibimos enormes sumas de dinero.
Parece que la gente siempre quiere dinero. Pero en realidad no es cierto. Más valiosos que ninguna otra cosa son la felicidad, el contento, la tranquilidad de espíritu, el entendimiento, la compasión, la tolerancia y todas las buenas cualidades de la vida. Y, sin embargo, todo esto no se puede comprar con dinero. Aunque en nuestro mundo moderno no se puede vivir muy bien sin dinero.
Debemos de educar nuestra mente para que comprenda que la única y exclusiva fuente de provisión es Dios y que todo lo que nos llega, ya sea en forma de salario, inversiones, clientes o cualquier otro ingreso, es el método por el cual nos alcanza la inagotable provisión de Dios. Es entonces cuando tenemos que actuar para usar las riquezas del universo.

Paola Wlack.
Mahanbir Kaur*

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